Dibuja el recorrido de un dato
Elige un ejemplo sencillo: un pedido confirmado. Anota en qué sistema nace, quién consulta el inventario, cómo se registra la entrega y dónde se prepara la factura. Señala cada vez que alguien copia información manualmente.
Ese recorrido ayuda a distinguir un problema de integración de un problema de proceso. Si nadie sabe quién aprueba el pedido, una conexión por sí sola no resuelve la responsabilidad.
Pregunta qué se puede conectar de verdad
Escucharás términos como API o MCP al hablar con el equipo técnico. No necesitas elegir una sigla antes de entender el alcance. Pide que expliquen las acciones disponibles, sus límites y el trabajo que requiere habilitarlas.
- ¿La conexión solo consulta o también modifica información?
- ¿Qué permisos necesita y quién los administra?
- ¿Con qué frecuencia se actualizan los datos?
- ¿Cómo se detecta un registro duplicado?
- ¿Qué pasa si uno de los sistemas deja de responder?
- ¿Quién mantiene la integración si cambia el proveedor?
Prueba también cuando algo sale mal
Una integración debe evaluarse con datos faltantes, interrupciones y cambios de estado, además del caso ideal. Define cómo se notifican los errores y qué puede hacer el equipo mientras se resuelven.
Empieza con una conexión acotada, confirma que la información coincide y amplía cuando el proceso esté claro. El objetivo es reducir pasos manuales sin perder control sobre los registros.
